jueves, agosto 18, 2005

Ya es tiempo.

Y al comenzar un nuevo día, el ermitaño también empieza su caminar, siempre lo hace, ya nisiquiera se acuerda cuando comenzó a hacerlo. Pero ahí está, recorriendo paso a paso los metros que lo separan del bosque, aquel único lugar donde se siente cobijado. Tiempo atrás se cuestionaba el por qué y para qué hacía lo mismo todos los días, un día encontró la respuesta, la solución es que no existe tal respuesta, él lo hace porque así lo siente y eso necesita, no son importantes para él las razones, lo que sí es imprescindible, es hacerlo.

El aroma del bosque ya comienza a llenar sus sentidos, la humedad del aire llena sus pulmones y se siente vivo, cree y a veces logra estar seguro, que ese bosque es sólo para él, que el oxígeno que producen los árboles, lo hacen por y para él. Y hasta cierto punto es verdad, ya nisiquiera otros animales ha podido ver, a él ya no le parece extraño, todos deben buscar, lo que realmente les haga feliz. En gran parte esa forma es lo que lo alejó de la sociedad, el egoísmo de la mayoría, pensar que solamente el que importa es uno mismo, no le parecia correcto, el estar con personas que esperan recibir algo a cambio, lo ponía triste. Él pensaba, si las penas se comparten, ¿Por qué las alegrias no?.

Todos esos cuestionamientos y actitudes ya no le importaban, se había alejado completamente para no seguir sufriendo, o por lo menos eso pensaba él. Comenzó a internarse en el bosque, siempre escogía un árbol diferente para apoyarse, hoy fué diferente, de alguna extraña forma logró reconocer aquel árbol que por primera vez lo había cobijado, lo miró fijamente y se sentó. Notó que al apoyarse, el árbol ya no era el mismo, el tiempo lo había hecho crecer y ser más fuerte, lamentablemente él no había seguido el mismo camino, Los días pasaban y se sentía más débil, nunca lo quería admitir, pero esa era la verdad.

Contemplando los tonos verdes que lo rodeaban, sus ojos comenzaron a cerrarse, empezaba a caer en el mundo de los sueños, lugar en el cual todo era perfecto, para él y para los demás, nada faltaba y nada sobraba, un equilibrio envidiable... Pasaban los minutos y ya no eran los sueños los que embargaban su mente, recuerdos comenzaban a llegar, despertó y ahí estaba, rodeado de naturaleza, pero lleno de pena, tanto era lo que había dejado atrás, que sentía cierto escozor recorrer su cuerpo. La palabra arrepentimiento no cabía en su mente, pero aún así la recordaba y comenzaba a dañarlo, ¿había tomado la decisión correcta?, esa pregunta comenzó a rondar.

¿Pero qué hacer?, ¿seguir donde nadie lo puede dañar?, ó ¿enfrentar los miedos y los posibles daños?... La ansiedad se sentía brotar por sus poros, no sabía que hacer, esperaba alguna respuesta mágica, divina... Pero nada parecía escapar de la rutina del bosque, ¿qué hacer?... Mucho tiempo mas no tuvo que esperar, la respuesta había llegado, de la manera menos esperada, una lágrima comenzaba a desplazarse por su rostro, no debía seguir esperando... Ya era tiempo de volver.

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